La arquitectura político electoral y el ejercicio de los derechos políticos de las mujeres 

 

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Alejandra Mora, Ministra de la Condición de la Mujer de Costa Rica y Presidenta de la CIM da la bienvenida a la audiencia durante la Mesa Redonda sobre violencia política, 25 de febrero de 2015. 

Una de las características más marcadas de las democracias latinoamericanas y caribeñas de finales del siglo XX ha sido el fortalecimiento de las elecciones competitivas, así como de la justicia electoral y de la legislación electoral. En términos generales puede decirse que se logrado un nivel alto de credibilidad en que los resultados de las elecciones reflejan la voluntad ciudadana. Las excepciones en cuanto a credibilidad son pocas, pero cuando existen, sin duda alguna constituye un grave problema para la democracia regional.

Las mujeres políticas y las feministas participaron activamente en este complejo proceso de construcción de sistemas electorales, demandando mecanismos efectivos que permitiesen aumentar la representación política de las mujeres y en general su acceso a cargos electivos. Fueron las mujeres argentinas quienes con su pionera Ley de Cupo de 1991, abrieron la posibilidad de incorporar acciones positivas (cuotas) a la regulación electoral por ley.

Las cuotas mínimas de participación de las mujeres, al igual que las cuotas mínimas y máximas para ambos sexos, se enmarcan en el artículo 4 de la CEDAW y son medidas especiales temporales para acelerar la igualdad de facto. Tanto la regulación como sus efectos, han sido muy dispares en los países de la región que las adoptaron por ley: desde casi un 40% en países como Argentina y Costa Rica, hasta menos del 10% en países como Brasil y Paraguay. Los procesos de aprobación y de puesta en práctica han sido extremadamente complejos  y hasta tramposos que devolvían ese escaño conquistado por una mujer a un hombre.

La política de cuotas ha sido, definitivamente, uno de los grandes aportes del movimiento de mujeres a los sistemas electorales en la búsqueda de una mayor participación política de las mujeres. Este puede considerarse el gran mecanismo en las últimas décadas, para la igualdad y el mejoramiento del acceso de las mujeres a los cargos políticos y a la vida pública. Ahora bien, del mecanismo temporal, se está planteando la participación igualitaria de mujeres y hombres en los espacios de poder: la democracia paritaria.

Si bien las cuotas mínimas continúan proponiéndose para situaciones de desigualdad, en la actualidad, la paridad es el horizonte para la región. Sin embargo, la democracia paritaria continúa siendo un concepto ajeno para los partidos, permitiendo que la exclusión rija sus criterios de funcionamiento y acción política. Para que se produzcan cambios se necesita cambiar la visión patriarcal tan arraigada que se base en el poder es fundamentalmente un asunto de hombres y que puede compartirse sólo “un poco” con las mujeres (a las que se subestima en sus capacidades), además de las acciones de incumplimiento y evasión de las normas.

Es en ese intersticio donde surgen situaciones como el acoso político, una forma de violencia de género que se refiere a acciones contra mujeres que se postulan o ejercen representación política, que puede tomar diversas formas: intimidación, descalificación, manipulación, hostigamiento e inclusive, la violencia psicológica o física.

La celebración del vigésimo aniversario de la adopción de la Convención de Belém do Pará durante 2014 nos llevó a reconocer que los derechos políticos de las mujeres no estarán plenamente garantizados hasta que la violencia y el acoso político estén cabalmente sancionados, se aplique justicia a los perpetradores de esta violencia y se repare a las mujeres en condición de violencia política.

Hasta ahora la violencia política ha sido poco documentada y menos abordada desde una perspectiva jurídica y de políticas públicas, pero no por esto haya dejado de existir.  Desde la CIM celebramos el 25 de febrero una Reunión de Expertas sobre “La Violencia Política contra las Mujeres: Un desafío hemisférico,” en la que se plantearon los lineamientos fundamentales para la formulación de una Ley Modelo sobre la Violencia y el Acoso Político, con base en los avances de la región en países como Bolivia, que en mayo de 2012 aprobó una ley específica contra el acoso y la violencia política hacia las mujeres.  La CIM, a través del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará  (MESECVI) se ha comprometido en abordar el tema de la violencia política a fin de que las mujeres puedan ejercer libremente sus derechos políticos.

Extraído de la publicación de la CIM: La ciudadanía de las mujeres en las democracias de las Américas: http://www.oas.org/es/cim/docs/CiudadaniaMujeresDemocracia-Web.pdf

 

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With a view to fostering open dialogue on some of the key aspects of our work, the CIM created this blog “Diálogo CIM”, which seeks to encourage the exchange of ideas and perspectives on issues of concern to the women of the hemisphere. We invite you to read, comment and contribute your own articles on this blog

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